«Lo Múltiple no es sino el eco que reverbera la Unidad tras el primer suspiro cósmico. Donde hay forma, hubo silenciada Simetría; donde hay tiempo, hay memoria de lo Atemporal.»
Las Elucubraciones sobre la Unidad Primordial
La Unidad Primordial, a la que los sabios orientales han nombrado el Vacío (Shunyata) y los cosmólogos modernos intuyen como la Realidad Fundamental pre-Big Bang, no es la mera ausencia de cosas, sino la Plenitud Absoluta en estado de latencia. Es el Todo en Potencia, el estado de Simetría Perfecta donde la energía y la materia, el espacio y el tiempo, la luz y la sombra, se encuentran disueltos en un equilibrio que trasciende toda dualidad.
Esta Unidad reside en la Dimensión Etéreo-Atemporal, un océano de potencialidad infinita que jamás ha sido creado y que jamás será destruido, pues es la única existencia real e inmutable. La manifestación del universo que percibimos —con su trama de estrellas, vida y conciencia— es el resultado de la Ruptura de la Simetría inicial, un acto de auto-diferenciación que lanzó el ser desde el Eterno Presente hacia el flujo del Tiempo.
El Nacimiento de la Dualidad y el Ego
La Unidad no se dividió, sino que se reflejó, generando la ilusión de la multiplicidad. El Espacio-Tiempo es el lienzo de este reflejo, y la Materia-Energía es su pintura. En este drama cósmico, la conciencia individual, a la que llamamos EGO, emerge como la manifestación psíquica de aquella ruptura primordial.
El Ego es, por naturaleza, la herramienta de la separación: cataloga, juzga y se define por contraste (yo frente a no-yo). Su función, aunque esencial para la supervivencia en la dimensión físico-temporal, es también el velo que oscurece la verdad. Cree ser una entidad aislada, olvidando que es una onda fugaz en el océano infinito de la Unidad.
El Retorno y la Reintegración
La mística, el arte y la filosofía son los caminos que nos recuerdan nuestra herencia. La búsqueda de la Verdad no es la adición de conocimiento, sino la disolución de la ilusión del «yo» separado. Es la anulación del eco para escuchar la fuente.
Al trascender las limitaciones de la razón dualista (que solo puede operar en el marco del tiempo y la forma), el buscador aspira a la re-integración. En ese instante de conciencia unificada, la identidad individual no se pierde, sino que se expande hasta abarcar la Totalidad, reconociéndose como la Unidad que nunca dejó de ser. El destino del Ser es completar el ciclo: el retorno de la manifestación consciente al seno de la Simetría de donde provino, resolviendo la multiplicidad en la esencia una.
La Aporía de la Conciencia Fragmentada
Si la Unidad Primordial es la única realidad no-dual y atemporal; si es el estado de perfecta simetría donde toda distinción —incluida la distinción entre el sujeto que conoce y el objeto conocido— se anula; y si nuestra conciencia racional es un producto de la Ruptura de la Simetría, un mecanismo intrínsecamente dualista confinado al Espacio-Tiempo…
¿Cómo es posible, entonces, que la mente fragmentada y sujeta al tiempo pueda formular la pregunta sobre la Unidad Primordial, e incluso concebir el deseo de su retorno, sin caer en la paradoja de usar la distinción (el pensamiento, el lenguaje, el deseo) para afirmar y buscar aquello que, por definición, está más allá de toda distinción?
El mero acto de nombrar la «Unidad Primordial» o de intentar «alcanzarla» ya presupone y perpetúa la dualidad que se aspira a trascender, obligándonos a preguntar: ¿Es la búsqueda de la Unidad, en sí misma, la manifestación más elevada y sutil de la separación?

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