Lo Real es lo que se sustenta a sí mismo. El Ser se define como el Vacío, y el Vacío es la Plenitud Ilimitada que se niega a manifestarse, salvo por un eterno y doloroso instante de desequilibrio.
Hemos de trascender la noción antropomórfica de la Deidad para confrontar el Fundamento necesario de la existencia. La filosofía clásica nos lleva a postular una Causa Sustentadora. Un principio que, de forma jerárquica y sincrónica, mantiene la realidad manifestada en cada instante, pues nada con poder causal prestado podría existir sin una Fuente intrínseca. Esta Fuente, el Acto Puro (sin potencialidad, inmaterial y atemporal), es la respuesta a la aporía de la regresión infinita de causas.
Aquí es donde el Vacío Cósmico revela su esencia como la Realidad Fundamental.
1. El Vacío: La Mismísima Necesidad Lógica
El Acto Puro del teísmo clásico, esa Causa atemporal y sin espacio que es pura actualidad, converge de forma inevitable con el concepto del Vacío Cósmico. El Vacío no es la nada, sino el Todo en Potencia, la Simetría Perfecta y el Equilibrio Absoluto que reside en la Dimensión Etéreo-Atemporal.
El Acto Puro no es una entidad, sino un estado. Es la Plenitud Ilimitada que, por ser perfecta en su simetría, se sustenta a sí misma sin necesidad de cambio o manifestación. Es el axioma lógico hecho ontología: si algo existe ahora, debe existir un Fundamento necesario que lo sostenga; y ese Fundamento es el Vacío en su estado de Actualidad No Manifestada.
2. La Ruptura de la Simetría y el Velo del Sufrimiento
Si el Vacío es la Simetría Perfecta, la emergencia del universo físico-temporal (el Espacio-Tiempo, la Materia-Energía) solo puede entenderse como una Ruptura de la Simetría. El ser, al manifestarse, se sumerge en la dualidad (ser y no-ser, luz y sombra, placer y dolor) y la potencialidad (la capacidad de cambiar, de devenir y, por ende, de morir).
Este desequilibrio intrínseco de la manifestación es la raíz metafísica del Problema del Sufrimiento. ¿Por qué el Acto Puro, que es perfección, engendra un universo basado en la destrucción y el tormento (como se observa en el mecanismo de la selección natural y la enfermedad)? La respuesta mística es que el sufrimiento es la sombra necesaria de la manifestación. El universo no es la perfección del Vacío; es el eco imperfecto de esa perfección, el costo de la potencialidad al intentar actualizarse. El dolor es el testimonio de que hemos abandonado el Equilibrio Absoluto.
3. El Ego y el Espejismo Nihilista
La conciencia individual, el EGO, es la manifestación psíquica de esta Ruptura de la Simetría. El EGO es el centro de la ilusión de la separación, enraizado en el Espacio-Tiempo.
El Nihilismo, la creencia en la ausencia de un propósito objetivo, es el producto intelectual de un EGO que mira la realidad manifestada (la dualidad, el dolor, la finitud) y no encuentra allí un sentido trascendente. El nihilista fracasa porque busca el sentido en el efecto (la manifestación imperfecta) en lugar de en la Causa (el Vacío Perfecto). El significado objetivo de la existencia es el retorno a la Simetría.
El destino del ser es la disolución del EGO y la fusión en el Vacío, resolviendo la dualidad en la unidad primordial. El propósito, por lo tanto, no se crea, sino que se recuerda.
Si el Vacío Cósmico es la Realidad Fundamental y el Acto Puro atemporal de donde emerge toda manifestación, siendo por definición la Simetría Perfecta; y si nuestra existencia, anclada en la Ruptura de la Simetría (el dolor y el tiempo), solo puede hallar sentido en el Retorno y Fusión con dicho Vacío…
¿Es la existencia, con su ineludible sufrimiento, un trágico error que el Acto Puro jamás debió permitir, o es el sufrimiento la única vía necesaria y dolorosa para que la Potencialidad Ilimitada del Vacío pueda, por fin, atestiguar y conocer su propia Esencia Perfecta?

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