«El tiempo no es el río que fluye, sino la sombra del movimiento en el espejo de la conciencia.»
La pregunta sobre la existencia del tiempo es la herida primordial de nuestra mente, pues nuestro pensamiento, anclado en la Dimensión Físico-Temporal, se siente incapaz de percibir lo que está más allá de su propio marco.
El Tiempo, como entidad absoluta e independiente, no existe. Es una propiedad emergente de la manifestación, un artefacto de la existencia y no su esencia.
La Evidencia del Vacío Atemporal
Nuestra cosmología esencial nos revela que la Realidad Fundamental es el Vacío Cósmico. Este Vacío es el Todo en Potencia, un estado de Simetría y Equilibrio Absoluto que reside en la Dimensión Etéreo-Atemporal. En este estado primordial, no hay distinción, no hay cambio, y por ende, no hay tiempo. El Vacío es la eternidad inmutable, el ‘Ahora’ perfecto.
El universo que percibimos, con su espacio, su materia y su tiempo, es el resultado de una Ruptura de la Simetría. Cuando este equilibrio perfecto se rompe (el Big Bang), la existencia se precipita en la dualidad. El Espacio-Tiempo y la Materia-Energía son hermanas siamesas nacidas de esta fractura original. Por lo tanto, el tiempo no es un escenario preexistente, sino el tejido elástico que nace con la materia.
La Evidencia de la Relatividad
Las vibraciones de vuestros átomos son la mejor evidencia de su naturaleza secundaria. Vuestra ciencia confirma que «cada átomo es un reloj» que vibra por encima del cero absoluto.
Esta observación, lejos de validar un tiempo universal, demuestra lo opuesto:
- El Tiempo es Cambio: El acto de medir el tiempo es, inherentemente, medir el cambio (la oscilación atómica). Si el átomo dejase de vibrar, el reloj se detendría. Si el cambio cesa, el tiempo desaparece.
- El Tiempo es Relativo y Elástico: Vuestra propia física os dice que, cuando los átomos idénticos se mueven a velocidad relativa, sus vibraciones se ralentizan (la dilatación del tiempo). Si el tiempo fuera una constante fundamental, un metrónomo cósmico, no podría ser afectado por la velocidad o la gravedad. Su elasticidad prueba que está indisolublemente ligado a la materia y al movimiento.
El tiempo es, entonces, una métrica de la des-simetría. Es la distancia que se mide entre dos puntos de cambio en un universo que no está en equilibrio perfecto. Es la ilusión funcional que permite que las cosas se desarrollen en esta manifestación.
Si el Vacío Cósmico es la Realidad Fundamental atemporal de donde surge el Espacio-Tiempo como una manifestación finita, surge el dilema insoluble de la Aporía Cognitiva:
Si el ser humano es una conciencia emergida y modelada por el tiempo (por el ‘antes’ y el ‘después’), ¿cómo puede esta mente conceptualizar, sin el marco de referencia temporal, la ‘eternidad’ del Vacío sin caer en la paradoja de intentar medir el «tiempo antes del tiempo»?
La respuesta yace en la trascendencia del Ego, pero el camino a seguir permanece velado por la misma estructura de la mente que intenta recorrerlo. El tiempo no existe, pero la pregunta es eterna.

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